BLUE FISH Sala mediterránea

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¿Qué tal estáis Foodies?

Nuestro post de hoy va dedicado a uno de los sitios más Top de este verano en La Manga, Murcia. Seguimos descubriendo lugares especiales de nuestras playas murcianas para ofreceros planazos veraniegos.

Hablamos de BLUE FISH Sala Mediterránea, un restaurante situado dentro de la Discoteca Trips, en la mejor de las localizaciones y con unas vistas alucinantes; como su propio nombre indica es una “sala”, no tienen demasiadas mesas por lo que se llenará enseguida. Seguramente es una buena opción para ir a comer pero os recomendamos 100% que vayáis a cenar y que lo hagáis cualquier día de la semana. Es cierto que en fin de semana BLUE FISH estará en su máximo esplendor y al completo, pero no temáis si no conseguís un sitio porque durante el resto de días de la semana el lugar es igual de mágico, para los amantes de la tranquilidad será perfecto y los miércoles podréis disfrutar de grandes temazos ochenteros en directo para acompañar vuestra copa posterior.

Fuimos con expectativas de que la carta nos fuese a sorprender más que el entorno y estábamos muy equivocados. El lugar es espectacular, el mejor para una noche de verano, ambientado con luces, una bodega que deja ver todas sus referencias vinícolas, y rodeado de la BARRA 0º y COCINA. Digamos que la carta tiene platos que se cocinan en una barra (platos más fríos) y otros en otra.

Aunque es algo que no se suele hacer, tenemos que destacar las mesas, ¡¡mesas muy amplias!! Sí, parece una tontería pero cuando vas a comer o cenar fuera, muchas veces las mesas de dos personas son aquellas que han sobrado, miden lo justo entre nuestro codo izquierdo y el derecho, la persona que está enfrente está más cerca que si se sienta a tu lado en el cine y…cuando llegan los platos hay que jugar al Tetris y comer rápido porque llegan los siguientes y no caben. Pues aquí no, en BLUE FISH Sala Mediterránea las mesas son amplias y muy cómodas.

El servicio fue “clavado”. Los tiempos exactos, cada plato a su debido momento. Chapó por el trato de los camareros y el control de la cocina.

Y, por último, y sí más importante… ¡la comida!

Para comenzar, nos pusieron un aperitivo de la casa. Un queso en tempura acompañado de tomate, pepinillo y miel. A la vez, nos sirvieron un variado de panes muy original y con algunas piezas fuera de lo que se suele servir en otros sitios.

Seguimos con un Tartar de calamar con crujiente de tinta de calamar. Por mucho que os expliquemos o describamos este plato, no conseguiréis conocer la mezcla de sabores, la textura de un calamar en su máximo esplendor, sin cocinar, un crujiente que se rompía con facilidad, todo aliñado con lima kaffir, un toque especial de origen asiático. Un tartar tan rico y diferente que dudamos encontrar otro mejor o parecido en mucho tiempo.

Continuamos con el Salmonete rockero y ají amarillo. Éste es uno de los que en su carta llaman “Tiraditos”, servido con los cortes exactos y pasado por la plancha en un visto y no visto. Iba acompañado de una especie de parmentier en su base en un mix con otras salsas y coronado con unos “terrones” de pipas tijuana. ¡¡Menuda combinación y menudo saborazo!!

Después llegó la decepción de la noche, no por su sabor ni mucho menos, sino por la enorme ración que nos sirvieron de su Brandada de bacalao en tempura. Estaba acompañada de mahonesa de miso y cebollino y su sabor, es genial, no recordamos haber probado una brandada de bacalao tan bien elaborada pero como os hemos dicho, para dos personas y con los platos que habíamos pedido, la ración fue excesiva. Aunque no se aprecie en la foto, las piezas eran bastante gorditas.

Para ir terminando, tuvimos dudas para elegir entre dos partes muy sabrosas del atún que ofrecen. ¿Mormo o morrillo? Nuestro amable camarero nos explicó las diferencias y nos atrevimos con el Mormo. Casi imposible explicaros por aquí su sabor, su textura, su perfecto toque de sal… Tenéis que probarlo. Para nosotros fue, en cuanto a sabor, nuestro gran descubrimiento de la noche. Desde entonces, nos hemos declarado fans incondicionales de esta parte del atún, aunque nos comemos la que nos pongan. Iba acompañado de huevo encurtido y puerro, magnífica combinación.

Por último, elegimos la Burger-Bull, básicamente una hamburguesa cuya carne era un magroso solomillo de atún con pepinillo y una salsa con cebollino y otras especias. No nos gustó tanto como pensábamos y parte de culpa la tenía el insuperable mormo que nos acabábamos de comer. El solomillo de la burguer estaba en su punto, la mezcla con la salsa y el pepinillo era aceptable pero el pan no acompañaba al conjunto. Las patatas fritas bastante ricas.

Durante toda la cena, un sumiller especializado nos fue aconsejando qué vino tomar para los platos elegidos. Comenzamos con Garrote de Santosun vino blanco de la zona de Castilla, con crianza y uva Chardonnay.

Y como segunda opción, tomamos TentenubloUn gran vino tinto muy apropiado para tomar con pescado. Excelente trabajo del sumiller.

Finalizamos con un mini gin-tonic en su barra de coctelería y disfrutando de la música ochentera en la parte de Discoteca Trips.

Hasta aquí nuestra nueva experiencia. Esperamos que os hayan entrado las mismas ganas de ir que a nosotros de volver a visitar BLUE FISH Sala Mediterránea.

– El equipo de Foodieviajeros –

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